Volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad.

“Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír

              George Orwell

Vivimos cambios tecnológicos y científicos que transforman económica, social, política y culturalmente culquier sociedad a cara del siglo XXI. 

 VUCA (acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) acelerado, hiperconectado y digital en el que, prácticamente, no hay ninguna faceta de nuestras vidas que no haya sido afectada por la disrupción tecnológica.

 En 2006, de las diez mayores empresas del mundo por capitalización bursátil, ocho pertenecían al sector de energía y financiero. Poco más de una década después, según el Global Top 100 de PWC, siete de las diez mayores empresas corresponden al sector de las tecnologías de la información y del e-commerce y, entre las diez primeras, tan solo queda una del sector energético y una del financiero. Un cambio que refleja el impacto de las innovaciones asociadas a la nueva economía de plataforma, la nueva colonización de la Inteligencia Artificial, los algoritmos, el machine learning o la emergencia de la economía colaborativa.

Solo hay que observar el crecimiento exponencial del sector de las empresas tecnologicas. 

La mayoría de estas plataformas han basado su éxito empresarial en cinco elementos característicos: El primero sería un buen análisis de las necesidades de los consumidores. Estas empresas han intentado integrar en sus servicios soluciones a problemas cotidianos que, en muchos casos, estaban por suplir. El segundo se basa en el proceso de simplificación de la experiencia de usuario. Las plataformas centralizan todas las gestiones mediante la aplicación móvil, con una usabilidad muy intuitiva y que reclama pocos esfuerzos por parte del cliente y del propio prestador de servicios o productos. El tercer elemento común de estas plataformas es la fuerte centralización de sus modelos empresariales. No corresponden a iniciativas locales que funcionan en una región determinada, sino que responden a grandes corporaciones que operan a nivel global. Como cuarto elemento característico, destacar su gran escalabilidad: tienen una gran capacidad de crecer, debido al poco coste marginal de sus propios servicios. Por último, nos encontramos con unas empresas que no solo venden servicios o productos concretos, sino que apuestan por las experiencias y una venta que viene acompañada de valores y de un estilo de vida determinado.

Ese es el existo, por ejemplo de las redes sociales. Desde lo local a lo global. 

Una figura destaca sobre el horizonte de incertidumbres, malestares y miedos que acompaña el comienzo del siglo XXI. Se trata por ahora de una silueta por definir. 

Las protestas en Chile o Ecuador, donde gobierna un sector aliado al capital y el liberalismo, o las protestas en Venezuela y Bolivia, donde existe un estado denominado como socialismo del siglo XXI; son, en cierto sentido, el agotamiento bipolar de la guerra fria; las protestas  (no solo en nuestro contienente) hacen presentir la desparicion de la politica como se entendia en el siglo pasado, esquemas binarios regidos ya irrelevantes manuales sociales con inoperaqntes prelaciones entre causas y efectos ya sea desde lo economico a lo psicologico. Hace prevenir el naciomiento de un  Ciberleviatán. Sobre sus espaldas se entrevé cómo se ordenará la complejidad planetaria que sacude nuestras vidas y que libera oleadas de malestar e incertidumbres que amenazan las estructuras clásicas de un statu quo que se volatiliza por todas partes.

Lo más probable es que el Ciberleviatán se instaure por aclamación, a la manera de la dictadura pensada por Carl Schmitt. Mediando un pacto fundacional sin debate ni conflicto, como el producto de una necesidad inevitable y querida si se quiere preservar la vida bajo la membrana de una civilización tecnológica de la que ya nadie puede desprenderse para vivir.

 Jean-François Lyotard explicó a finales de la década de los años setenta del siglo pasado que la condición posmoderna era el final de las grandes narrativas que habían interpretado el mundo dentro de un relato coherente de progreso y racionalidad. Para este autor la estructura intelectual de la Ilustración era insostenible debido, precisamente, a los avances técnicos y los cambios posindustriales que propiciaban las telecomunicaciones de la sociedad de la información. Estas circunstancias hacían que el humanismo, y la centralidad que atribuía este al hombre, hubiera sido desplazado como eje de interpretación del mundo por una visión científica que lo subordinaba a la técnica y a su voluntad de poder.

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