Las mentiras de los incompetentes.

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Todo es falso en internet mientras no se demuestre lo contrario.

Esta fue mi consigna desde que di los primeros y deslumbrados pasos digitales. A la red no puede aplicársele el principio de inocencia. Cuestión de naturaleza. Ahora, the trump after, Google y Facebook, han anunciado su intención de restringir el tráfico de mentiras. Vano intento. Y, hasta si inventa nuevos vocablos como postverdad. Ya en el siglo V a.C,  Gorgias  escribió  contando el viejo truco. Ahora vendido como algo nuevo. 

Para que eso sucediera esas empresas, y otras como Twitter, habrían de renunciar a ser el doble escrito, hablado y filmado del mundo real. Pretender que la conversación inmensa que organizan y distribuyen cumpla con determinadas condiciones de veracidad, limpieza y elegancia es irreal: imaginemos que se exigiera lo mismo a las conversaciones telefónicas o en los estadios o en las barras de los bares. Por ello en su discurso de despedida Obama hablaba de ver el rostro de los que postean o escriben tuits…O recuerdo aquella caricatura del New Yorker: el perro que le contba  a otro perro que en la internet nadie sabia que ellos eran perros…mientras navegaban la red. 

El propósito resulta tan ingenuo y disparatado como el de cambiar la naturaleza humana a fuerza de decretos. La histroia demuestra, una y otra vez, que ello es un imposible. 

Lo que debe cambiar, y radicalmente, no es la naturaleza de las redes, sino el tratamiento que recibe la conversación digital, inevitablemente promiscua y caótica respecto de la verdad y la mentira, por parte de aquellos que deberían hacer honor al estándar de moral que ostentan. Hablo de los periódicos, por supuesto.

Ha sido enternecedor ver cómo el New York Times se ha esforzado una y otra vez en desmentir que Obama hubiera nacido en Kenia o que el Papa Francisco hubiese apoyado a Trump. El Times desmentía eso -una y otra vez- para gente que nunca las creyó. Pero su misma reacción, el hecho de que existiera respuesta, ennoblecía la mentira y la hacía depronto menos inverosímil. Y encarrilaba la venganza de Trump sobre el periódico: “El Times ha fracasado”. En realidad el Times no ha fracasado, el que si ha fracasado en su victoria ha sido el mismo Trump que quiza crea que la mentira es la verdad…Ni Facebook ni Twitter ni Google están hechos para la verdad.

Para la circulación y establecimiento de la verdad la sociedad ilustrada ideó unos artefactos a los que llamó periódicos. Para discernir las verdades de las mentiras.  Durante muchos años aplicaron una máxima de estilo ético: jamás desmentían las falsedades que hubiera dicho la competencia. Ahora, perdido el norte y hasta el sur, se pasan media vida desmintiendo las mentiras de los incompetentes.

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