La sociedad de la vigilancia

El fin de semana nos reunimos un grupo de amigos, de esos amigos que conservas a pesar del tiempo y la distancia, desde los tiempos universitarios.

Y, entre otros temas, surgió la pregunta «del futuro de internet».

Hoy leyendo un extenso artículo de la revista hispano mexicana: “Letras Libres”, acentúa la percepción de lo que se concibió como una red desagregada y ubicua para compartir información, incluso bajo un escenario de tercera guerra mundial, se ha convertido en otro instrumento de desigualdad, de control social e individual, y de concentración de capital, de poder político e ideológico.

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/ingenieros-del-alma-bienvenidos-la-era-del-capitalismo-vigilancia

 Escrita por Ricardo Dudda periodista y miembro de la redacción de Letras Libres. Es autor de “La verdad de la tribu. La corrección política y sus enemigos” (Debate, 2019). El texto del artículo es toda una declaración de principios “Ingenieros del alma. Bienvenidos a la era del capitalismo de vigilancia”.

Para mi gusto dejaría a un lado el término de “capitalismo” y lo dejaría en “bienvenidos a la era de la vigilancia”. Vigilancia al estilo develado por Snowden, masivo, descontrolado, desregulado. Una distopica realidad virtual que se en reversa afecta la integridad personal de cada habitante del planeta.

Es cuando deseas convertir la realidad en negocio. Y, esa realidad, implica conocer tu intimidad hasta niveles inhumanos para lucrar con ello.

Recuerdo a Mark, el de Facebook, sentado en el senado sudoroso y asustado, cuando le preguntaba si deseaba hacer público lo que hablaba con sus amigos, lo que cenaba, al cine que iba, sus gustos literarios o quienes eran sus amigos personales, apenas perceptible respondía con un tenue: no. Pero eso es lo que hace precisamente su empresa.

Todas las empresas que monetizan datos se mueven en esa lógica de Facebook. Monetizar la realidad (de las personas). Escribe Ricardo.

“En la lógica imparable de acumulación de datos para crear economías de escala, las empresas tecnológicas han disparado primero y preguntado después. En 2010, la agencia de protección de datos de Alemania desveló que los coches de Google Street View se dedicaban a capturar datos de wifis privados por donde pasaban. Esos datos incluían nombres, números de teléfono, información crediticia, contraseñas, mensajes, emails, transcripciones de chats, información médica, fotos, vídeos y audios. Google se defendió diciendo que había sido un error humano de uno de sus ingenieros. Pero la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU (FCC) demostró que se trataba de una decisión deliberada de la compañía y que el ingeniero convertido en cabeza de turco fue seleccionado precisamente por su experiencia en ese tipo de captura de datos”.

Puede parecer una visión cuasi apocalíptica. Pues la propia red de redes promueve por igual lo contrario, la recentralización y el manejo de la individualidad ante los poderes tecnológicos o políticos que tienden al control o la monopolización de los datos, y con ello la información, y el control de las sociedades y los individuos como un escenario virtual.

Siempre, cada revolución tecnológica, enfrenta ambas posibilidades. Y la propia red propicia ambas, al menos hasta hoy los que esperan por el apocalipsis han sido defraudados por el espíritu humano de conocer, imaginar y libertad plena.

Concluye el articulo con el siguiente párrafo. El propio sistema revela al Sistema, suena a contradicción no a catástrofe. Y las contradicciones son el motor perpetuo que mueve la historia.

“Es una visión demasiado catastrofista y suena a jeremiada. Zuboff es una conversa y su libro tiene en cierto modo un tono de redención: una profesora de la Harvard Business School, epítome del capitalismo, descubre el Gran Engaño. Pero la validez de sus investigaciones es enorme y su defensa de un capitalismo que se aleje de los postulados del neoliberalismo y del utopismo tecnológico es importante. Su libro es una enciclopedia esencial para comprender no solo el capitalismo digital sino el siglo XXI. ~

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